Nov 2008
Reflexiones desde la Villa
12/Nov/2008 17:25
Tras el desastre del Huracán Ike en aquella noche del pasado Septiembre, la ciudad devastada amaneció diferente. No solo sus casas, los arboles, los postes de alumbrado y muchas cosas más fueron destruidas. Ese amanecer, la ciudad despertó sin fe, sin esperanzas, sin futuro.
De inmediato, decenas de imágenes aterradoras y reales de la tragedia surcaban los mares atraves del ciberespacio y llegaban a los puertopadrenses dispersos por los 4 rincones del planeta con una subliminal y extraña mezcla de tristeza y sensacionalismo. También en los instantes mismos del Huracán, muchos hijos de esta tierra siguieron por los sitios de Internet la evolución en tiempo real de aquel monstruo que barrió a la Isla de este a oeste. Todos estábamos abrumados e impactados.
Después de lo peor, la suerte de la ciudad se dividió en dos. En un grupo, las personas que sufrieron daños importantes o totales en sus hogares, y en el otro, quienes tuvieron la suerte de no ser afectados en esa magnitud y podían reiniciar sus vidas con relativa facilidad. Casi un mes estuvimos sin electricidad, otros tantos días sin teléfonos, y de las reparaciones, aun muchos seguimos esperando un milagro para rehacer, aunque sea en parte, lo que se perdió
Hace unos días, la inminencia de otro Huracán que pasaría de Sur a Norte por esta Zona puso a la ciudad casi en pánico, y muchos pensaron que no aguantaríamos otra embestida. En efecto, Dios tuvo misericordia de nosotros esta vez, y “Paloma”, el nuevo ciclón pasó a 70 Km de la ciudad y ya debilitado al extremo de que solo llovió unas horas y ni siquiera falló el fluido eléctrico la noche del Sábado 8 de Noviembre.
Así las cosas, ya estamos en la suave temporada invernal y es poco probable que algún otro huracán pueda afectarnos este año.
Contra todo lo previsto, la ciudad se va levantando. Muchas cosas requerirán varios meses para ser remodeladas, otras jamás volverán a su aspecto original, y en uno u otro caso, la vida no se detendrá.
Todas las Tiendas, Cafeterías, y Discoteca están funcionando normalmente. También están en perfecto estado las comunicaciones, la cobertura a Teléfonos Móviles de otras compañías del exterior y las Dependencias Bancarias.
De todas las actividades de servicio y actividades por cuenta propia, la que más ha sufrido con estas contingencias ha sido sin dudas las Rentas Particulares para Turistas. Por un lado los daños que no pocos Arrendadores sufrieron en sus inmuebles, especialmente los que radicaban en la zona de la Playa, y por otro lado el lógico desabastecimiento de vegetales frescos, mariscos y otros renglones gastronómicos favoritos de los visitantes.
No obstante, lo que más daño ha estado causando a las Casas de Renta es la falta de clientes. La merma visible de turistas en la ciudad después del Ike, se ha mantenido relativamente hasta el presente. La falta de huéspedes puede hacer colapsar la más firme Casa de Rentas en cuestión de 3 o 4 meses. Los impuestos fijos mensuales que deben pagar los Arrendadores al fisco, no tienen relación alguna con las ganancias obtenidas o dejadas de obtener por los propietarios.
Particularmente la Villa 1918 aun se encuentra abierta y no sufrió daño alguno con el paso de los Huracanes. La solidez de su estructura constructiva y el remozamiento constante del edificio demostraron su resistencia y confiabilidad. No obstante, también hemos dejado de ingresar, hemos perdido mucho por pagos de impuestos, situaciones que dañan a cualquier pequeña empresa, y necesitamos, como la ciudad entera, una urgente inyección para continuar esa impostergable recuperación.
Ahora debe comenzar la mejor temporada para el turismo. No sabemos si en verdad será tan buena como para salvar a algunos del cierre, pero de cualquier forma seguimos aquí y nada cuesta recobrar un poco de fe.
Puerto Padre aún vive, y de hecho sus peculiares encantos no tienen mucho que ver con los techos, los postes o los arboles. El principal tesoro de la Villa Azul de Cuba es su gente, y su peculiar y contagiosa fe en el mañana.
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